Tuesday, November 14, 2006

De las palabras hermosas 4

Califa

De las palabras hermosas de la Escuela de escritores escojo una. Como en los reinados "fue muy difícil elegir, todas merecen ser la ganadora."

Pero las demás estarán en la lista de espera de palabras hermosas. Su turno les llegará.

Califa en la RAE

PD: Este post fue escrito el 1 de diciembre de 2009 cuando noté que no había palabra hermosa 4 sino una lista de las palabras hermosas de la Escuela de escritores. Pero la fecha fue puesta para que se conservara el orden.

Palabras hermosas de la Escuela de Escritores

Los amigos de la Escuela de Escritores hicieron hace algún tiempo una convocatoria para que la gente votara por la palabra más hermosa. La triunfadora fue amor. Pero hoy quiero dejarles las escogidas por los invitados especiales y dieron la explicación de su escogencia. Aquí hago la lista de las palabras pero aquí pueden además encontrar las explicaciones. Algunas fueron escogidas más de una vez. Si desconocen el significado de alguna o quieren repasar los que ya conocen aquí está el link del diccionario de la Real Academia Española.

abismo, abrazo

albahaca, amantes

antiflogístico, azacán

azahar, barbilampiño

califa, camino

caravana, coño

cristalino, desasosiego

despertador, espléndido

fe , fogón

generosidad, hallazgo

jarro, libertad

madre, mórbida

nauseabundo, ornitorrinco

palabra, pendón

república, resplandor

ultramarino, valor

verdad, zambra.

Thursday, November 02, 2006

Muy bizarro.

Les dejo a continuación el vínculo sobre la explicación que da Uldarico Uricoechea en su blog de El tiempo 'Blocabulario' sobre el significado actualmente aceptado del término Bizarro. Muy interesante ser conscientes de estos usos indebidos (al menos por ahora).

Blog de Uldarico

Monday, October 30, 2006

Destino de las explicaciones

En algún lugar debe haber un basural donde estén abandonadas las explicaciones.

Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que puede ocurrir el día en que alguien consiga también explicar el basural.


Por Julio Cortázar en "Un tal Lucas."

Saturday, October 21, 2006

Palabras de Paul Auster

Las palabras del escritor al recibir el premio Príncipe de Asturias. Tomadas de El País.

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

Friday, October 13, 2006

Para quién escribe un Nobel

En este artículo publicado en El País, pueden encontrar las razones que nos da el más reciente premio Nobel de Lieratura, Orhan Pamuk, sobre por qué y para quién escribe. El vínculo del artículo es éste pero lo copio en su totalidad por si algún día es borrado del servidor de elpaís.es.

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Todavía me gusta cuando me preguntan para quién escribo Añadir a Mi carpeta

ORHAN PAMUK
EL PAÍS - Cultura - 13-10-2006
Los escritores narran buscando un lector ideal, la gente que aman
La autenticidad de un escritor depende de su habilidad para abrir su corazón al mundo

Durante los últimos 30 años, desde que por primera vez me convertí en un escritor, ésta ha sido la pregunta que he escuchado con más frecuencia, formulada tanto por lectores como por periodistas. Sus motivaciones dependen del tiempo y del lugar, como ocurre con las cosas que desean saber. Pero todos usan el mismo desconfiado, desdeñoso tono de voz.

A mediados de la década del setenta, cuando por primera vez decidí convertirme en un novelista, la pregunta reflejaba el ignorante punto de vista de que el arte y la literatura eran lujos en un pobre país no occidental atribulado con problemas premodernos. También estaba la sugerencia de que alguien "tan educado y cultivado como usted" debía servir a la nación de un modo más útil, como un doctor combatiendo epidemias o como un ingeniero construyendo puentes.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre le dio crédito a este punto de vista a comienzos de la década del setenta cuando dijo que él no hubiera estado en el negocio de escribir novelas si hubiese sido un intelectual de Biafra.

Años más tarde, quienes preguntaban "¿Usted, para quién escribe?" estaban más interesados en averiguar a qué parte de la sociedad me dirigía. Qué lectores buscaba para que leyeran y apreciaran mi trabajo. Yo sabía que esta pregunta era una trampa, porque si no contestaba "escribo para los miembros de la sociedad más pobres y más oprimidos", sería acusado de proteger los intereses de los terratenientes de Turquía y de su burguesía.

Y ello, pese al hecho de que a cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para sostener que estaba escribiendo para los campesinos y los trabajadores, rápidamente se le recordaría que sus libros muy difícilmente serían leídos por gente semi analfabeta.

Un total de 30 años más tarde, escucho más que nunca esa pregunta. La pregunta tiene ahora más que ver con el hecho de que mis novelas han sido traducidas a más de 40 idiomas. Especialmente durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que pudiera interpretar sus palabras de manera equivocada, así que ellos se inclinan a agregar: "usted escribe en turco; entonces, ¿escribe sólo para los turcos, o piensa ahora también en la audiencia más amplia a la que llega con sus traducciones?". Ya sea que estemos hablando dentro de Turquía o fuera de mi país, la pregunta siempre está acompañada por la misma desconfiada, desdeñosa sonrisa. Eso me obliga a concluir que, si deseo asegurar la autenticidad de mi trabajo, debo responder: "escribo solamente para los turcos".

Para entender el significado de esta pregunta, tenemos que recordar que el surgimiento de la novela como una forma de arte coincidió con la emergencia del Estado Nación. Cuando se estaban escribiendo las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribieron para la emergente clase media de sus naciones, que podía abrir sus libros y reconocer cada ciudad, calle, casa, habitación y silla; ellos podían compartir los mismos gustos con los que comulgaban en la vida real y discutir las mismas ideas. En el siglo XIX, las novelas de estos grandes autores aparecieron primero en los suplementos de arte y cultura de los periódicos nacionales, porque sus autores le estaban hablando a la nación. Detrás de sus voces narrativas uno puede detectar a un observador preocupado por el estado de salud de su país. Hacia el final del siglo XIX, leer y escribir novelas era unirse a una discusión nacional que estaba cerrada para el exterior.

Pero hoy en día, la escritura de novelas conlleva un significado completamente distinto, como lo hace la lectura de las novelas.

En la actualidad, los lectores de obras de literatura esperan un nuevo libro de Gabriel García Márquez, J. M. Coetzee o Paul Auster del mismo modo que sus predecesores esperaban una nueva novela de Dickens. El público lector mundial de esos novelistas es mucho más grande que el público lector que pueden alcanzar en sus países de origen.

Los escritores narran buscando un lector ideal, la gente que aman. También pueden escribir para sí mismos, o para nadie. Todo esto es verdad. Pero también es cierto que actualmente los narradores también escriben para aquellos que los leen. Podríamos inferir de esto que los escritores de la actualidad escriben menos para sus propias mayorías nacionales (que no los leen) que para las pequeñas minorías de lectores en el mundo, que sí lo hacen.

Así que las preguntas incisivas, y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores, reflejan la intranquilidad sobre este nuevo orden cultural que ha comenzado a existir desde los últimos 30 años.

Las personas que lo encuentran más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales muy conflictivos que se sienten ansiosos sobre su identidad nacional y reluctantes para enfrentar las marcas negras de su historia desconfían de los novelistas creativos que miran a la historia y al nacionalismo desde una perspectiva no nacional.

Desde su punto de vista, los novelistas que no escriben para las audiencias nacionales están haciendo a ese país exótico para "consumo extranjero" y están inventando problemas que no tienen ninguna base en la realidad.

Hay una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben permanecer puras y verdaderas, respetando sus raíces nacionales. Su miedo secreto es que un escritor que se dirige a un público lector internacional y se inspira en tradiciones exteriores a las de su propia cultura perderá su autenticidad.

Porque todos los escritores tienen un deseo profundo de ser auténticos es por lo que a mí, incluso después de todos estos años, todavía me gusta cuando me preguntan para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor realmente depende de su habilidad para abrir su corazón al mundo en el cual vive, también igualmente depende de su habilidad para entender su propia cambiante posición en ese mundo.

No hay algo así como un lector ideal, libre de intolerancias y liberado de prohibiciones sociales o de mitos nacionales, del mismo modo que no hay algo así como un novelista ideal. Pero la búsqueda de un novelista por el lector ideal, ya sea éste nacional o internacional, comienza con el novelista imaginándolo que existe, y luego escribiendo libros con él en su pensamiento.

© 2006 Orhan Pamuk (Distributed by The New York Times Syndicate). (Traducción de Mario Szichman)

Friday, September 29, 2006

Las ideas y los barritos

Si alguien me preguntara cómo surgen las ideas de lo que escribo le explicaría con una cruda analogía: las ideas surgen como los barritos. Un día cualquiera tú vas caminando tranquilo cuando sientes una sensación tirante en la piel anunciando que algo trata de asomarse. Así aparecen las imágenes. Un día cualquiera vas andando por ahí y una asociación de sensaciones engendra un monstruo que quiere salir. Tú lo sientes y no hay nada que hacer porque ya está contigo.

Ahora bien, es tu elección si acudes a la farmacopea para acabar con el barrito que quiere salir. A veces intentas destruirlo por todos los medios y él permanece aferrado, resistiendo, esforzándose porque se le reconozca y se le deje ser. Tú puedes intentar asesinar las ideas a punta de antibióticos pero hay algunas que han desarrollado resistencia y permanecen dándote pelea en tu cerebro hasta que hagas algo con ellas. Van alimentándose de cualquier pensamiento que se te cruce, como un parásito que se aloja dentro de ti. Y se van haciendo fuertes hasta que no queda otra opción que dejarlas salir, impulsarlas a que lo hagan.

Ahí no termina. Como las ideas, unos barritos se atrancan y duelen y enrojecen la piel y te desesperan y hacen que estés pendiente de ellos aunque no surge nada. Sabes que están bajo tu piel, es imposible no notarlo. Los otros también lo ven y no tienes sino la opción de soportarlo. A veces un mechón o un poco de maquillaje los esconden o ellos mismo surgen en sitios que se ocultan fácilmente con la ropa. Pero te incomodan, te desesperan y a veces te agobian y tratas de forzarlos a que salgan. Sufres, te retuerces y con la mayor valentía quieres que tu barrito, tu idea, tome su forma y que la piel se ablande de alguna forma para que salga. Pero sigue allí, te espichas y sale solo una baba insulsa y el dolor permanece. No está listo aún para mostrase; te pide tiempo, a su dolorosa manera. Unos terminan retrocediendo después de los días y un par de semanas después ya no existen. Otros en cambio llegan en manadas y se lanzan a salir como una estampida sin saber tú cual de todos atacar o cultivar primero.

Pero a veces, gracias al cielo, hay unos que aparecen sin dolor, no te preocupas por ellos y sin importarles se fortalecen. Hay alguien que te los muestra o el espejo te los señala. Y tus propios dedos o una mano amiga los presionan para que salgan y obtienes una forma sólida y consistente que te libera y sólo tienes que limpiarte un poco para estar feliz que tu idea tomó forma. Ningún barrito, ninguna idea, se forma impunemente. Después de su aparición ya no eres el mismo, te queda alguna señal, algún rastro, en la piel o en el alma. Y te preparas a enfrentar el próximo, la siguiente inquietud que te empieza a crecer en el cerebro y que no te deja dormir hasta que logras matarla o sacarla a la luz.

Hay formas de evitar los barros: dietas inmaculadas, cremas limpiadoras, peelings y otros tratamientos agresivos. La limpieza impide el surgimiento de los barritos. Por eso las ideas se cultivan de la tierra, del polvo, se te meten bajo las uñas cuando te untas de gente, de bus, de ser humano. Cuando tus ojos se ensucian con paisajes diferentes, cuando tus oídos se llenan de la cera de otras músicas o de voces ajenas, cuando tus dedos tocan pieles ajenas o descubren formas mientras tus ojos no pueden ver. Las burbujas estériles te evitan el contagio de ideas. Tú decides si quieres vivir en la pureza o dejarte contaminar un poco.

Tuesday, September 19, 2006

De las palabras hermosas 3


Carcaj


Le faltan unas pocas letras para ser una carcajada pero es tan sonora como una de ellas.

Al buscarla en el diccionario de la Real Academia, su primera acepción es una palabra igual de hermosa: Aljaba

Carcaj en el DRAE
Aljaba en el DRAE

Thursday, September 14, 2006

FemChannel: 5 + 5 preguntas

Entré en uno de esos periodos de sequía en la escritura. Podría publicar de nuevo varias cosas viejas en este blog que no han perdido vigencia o sacar algo de mis escritos más escondidos como he hecho algunas veces. Opto por lo segundo. Dejo este texto del 2005

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FemChannel: 5 + 5 preguntas

Hay dos grandes razones por las cuales un hombre toma el control remoto y cambia el canal del televisor:

  1. Porque está aburrido de lo que ve en ese momento.
  2. Porque en la genética de los hombres está el impulso de buscar una opción mejor y tenerlas las dos.


Hay dos grandes razones por las cuales un hombre decide buscar otra mujer cuando ya tiene una pareja establecida. ¿Ya descubrió cuáles son?

Durante una conversación en estos días surgió el tema del control remoto y los hombres y se me dio por pensar en el tema.

  1. ¿Qué pasaba cuando no existía el control remoto?; valga la pena aclarar que en ese momento la oferta de canales era escasa, dos o tres dependiendo la zona del país.
  2. ¿Qué hace a los hombres conformarse con fracciones del programa, de varios programas en vez de tener uno solo completo?
  3. ¿Será que la costumbre de algunos canales de repetir los programas les da la esperanza a los hombres de verlos completos en otra ocasión en un futuro cercano?
  4. ¿Qué debe tener un canal, cómo debe estar organizada su parrilla para que el “canaleo” tenga más probabilidades de captar la atención del hombre por un buen rato? ¿Es posible captarla permanentemente?
  5. ¿Por qué programas que pueden parecer aburridos y largos (carreras de carros, partidos de fútbol, otros deportes) logran lo que otros teóricamente más atractivos no pueden? ¿No están capacitados los hombres para mantener la atención en ideas elaboradas y solamente se apegan a ideas básicas?

Sólo posteriormente se me ocurrió que las mismas dos razones iniciales aplican en la relación hombre – mujer. Lo primero que se me ocurrió fue plantear las cinco preguntas de la relación hombre-televisión a la que tenemos con las mujeres. Y me sonreía con las respuestas. Invito al lector a hacerse las preguntas remplazando los canales por las mujeres teniendo en cuanta que cada canal femenino (lo llamaré FemChannel) tiene una programación propia y de ahí la variedad.

Finalmente cambio “hombre” a “televidente” ya que el comportamiento de las mujeres es cada vez menos diferenciado del masculino y me hago unas preguntas más.

  1. ¿Es obligación del televidente ser fiel a un canal?
  2. ¿Puede cada canal dejar ir a cada televidente y remplazarlo por otros sin sufrir por la pérdida?
  3. ¿Qué pasa cuando el programa finaliza durante el canaleo y el televidente no quería que terminara y no pudo ver el final?
  4. ¿Y si el canal decide no repetir el programa? Hay televidentes que sufren por un programa del que querían aprender u obtener diversión y no lo vieron.
  5. ¿Cuánto tiempo debe esperar el televidente a que el canal decida repetir el programa antes de buscar opciones en otros canales? ¿Se conformaría el televidente con una programación parecida en el mismo canal pero sin su programa favorito?

Aparecen más preguntas, muchas más, pero suspendo aquí, con el mismo número de éstas sobre el hombre y sobre el televidente para mantener equilibrio. Usted mismo puede hacérselas y complementar este texto de la forma que más le aplique.

22 de abril de 2005

Tuesday, September 12, 2006

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Transcribo aquí un párrafo del cuento 'Tlön, Uqbar, Orbis Tertius' de Jorge Luis Borges.

"... En los hábitos literarios también es poderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles -el Tao Te King y Las Mil y Una Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la sicología de ese interesante homme de letres..."

Saturday, September 09, 2006

La incertidumbre del escritor (cuento)

Siendo muy viejo, el escritor descubrió un día que estaba viviendo las situaciones que había creado en sus cuentos. Renegó entonces de no haber incluido el premio gordo de una buena lotería, varias deslumbrantes mujeres con intenciones deseosas que lo sedujeran a cada momento o haber entregado el elíxir de la juventud a alguno de sus protagonistas. Era tarde para hacerlo a partir de ahora porque los acontecimientos ocurrían más o menos en el orden que los había escrito. Incluirlos en las escasas líneas que le restaban de vida solo lograría que sucedieran dentro de muchos años, si ahora sucedían los escritos en su juventud. De hacerlo, todo sobrevendría cuando nada más que huesos quedaran de él.

Revisando en sus escritos, inéditos y famosos, encontró el que pudo dar inicio a su destino auto-inflingido. Cuando andaba por los veinte recién cumplidos escribió su primer cuento: el de un escritor que vivía como un personaje dentro de sus libros. A partir de ese descubrimiento, y hasta su muerte, lo acompañó la incertidumbre de no saber si lo escrito por su mano, años atrás, determinaba su futuro o si, tal vez, sus obras solo eran el reflejo, la copia de otro libro, de otro autor, de otro universo, donde no era sino un personaje más.

Creative Commons License Este trabajo está licenciado bajo una licencia Creative Commons Atribución-No comercial- Compartir Obras Derivadas Igual 2.5 .

Tuesday, September 05, 2006

Nuestras vidas

Me acaban de recordar una frase que escribí hace unos meses y que de verdad me gustó:
Nuestras vidas están llenas de escenas cinematográficas y a veces se nos pasan por estar leyendo los subtítulos

Lo hice en este post del blog de Lo que cuenta mi mamá

Tuesday, August 29, 2006

Palabras sobre Nighthawks


Un ejercicio más de las palabras de imágenes. En la Panamericana encontré un libro de Taschen sobre Edward Hopper que tenía esta pintura en su portada. Se llama 'los trasnochadores' o 'The Nighthawks' en inglés. Incluyo dos historias diferentes, separadas por líneas.

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Con las manos en los bolsillos arrastraba sus pies bajo la noche. Hoy no se detendría en Phillies aunque sabía que podría encontrar una charla agradable hasta el amanecer. Cambiaría de acera y pasaría de largo aunque la luz del café iluminaba toda la esquina y, de cara a la calle, Joe podría verlo. Saludaría con la mano en alto y continuaría su camino.


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Los tres conversaban animadamente. Parecían ser conocidos de hace tiempo. En la barra yo les escuchaba sus historias e imaginaba los personajes que nombraban. Me causó gran intriga una tal Susan.

Sunday, August 20, 2006

Sobre el lenguaje incluyente

Copio, una vez más violando la propiedad intelectual pero haciendo explícito el autor y la fuente, un artículo sobre temas interesantes de lenguaje. En esta ocasión es de la Revista Semana, y el autor es Héctor Abad. Es un artículo sobre el autodenominado 'lenguaje incluyente'.


Estoy de acuerdo con lo que dice Abad. Es una forma artificiosa de buscar la inclusión donde no debe buscarse. Está claro que en mis blogs cuando se usa el género másculino en palabras como 'niños' se entiende que incluye a ambos géneros a menos que el contexto se refiera exclusivamente al género masculino.

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Colombianos y colombianas, ridículos y ridículas?

Si el manual de estilo obligara a usar el lenguaje incluyente, el título tendría que decir: “cadena perpetua para violadores y violadoras de niños y de niñas”

Por Héctor Abad Faciolince
En estos días una amiga que aprecio mucho por su valor e independencia, Florence Thomas, escribió en El Tiempo que yo era "absolutamente alérgico al lenguaje incluyente". No la desmiento, lo soy, sobre todo si por lenguaje incluyente se entiende la costumbre de reemplazar la letra 'a' y la letra 'o' por el signo @ (querid@s amig@s), o si cada vez que uno dice "ciudadanos" debe añadir también "ciudadanas".

Dijo también que, a pesar de esta alergia, tendría que acostumbrarme al lenguaje incluyente (el que no excluye a las mujeres), "porque es un debate contemporáneo importante que estamos ganando poco a poco". Y concluyó con una pregunta: "¿Sí o no, Héctor?" Respondo: No, querida Florence, y voy a tratar de explicar por qué no.

El género es una categoría gramatical que no tiene nada que ver con el sexo. Cuando yo digo, por ejemplo, que "las personas tienen estómago", aunque "personas" tenga género femenino no estoy excluyendo a los hombres. Y aunque "estómago" sea masculino de género, lo llevan por dentro los dos sexos por igual. De hecho el órgano viril por excelencia, suele tener en castellano género femenino y (excúsenme los oídos castos) puedo citar los casos de la verga, la polla, la picha y la mondá, cuatro instrumentos idénticos de género femenino, aunque evidentemente de sexo masculino. Y en España, al menos, pasa lo inverso con la parte correspondiente de la mujer y, por típicamente femenino que sea (en cuanto al sexo) el coño, el género de esta palabra es masculino.

Cita Florence en apoyo de su tesis un titular de El Tiempo que decía así: "Piden cadena perpetua para violadores de niños". Thomas se indigna porque la mayoría de las víctimas del delito de violación son niñas y no niños, y siente que El Tiempo, al escribir niños, está dejando en la sombra a las niñas, excluyéndolas, negando su sexo, y propone que el título correcto debería haber sido: "Cadena perpetua para violadores de niñas y niños". En realidad, si el manual de estilo del periódico obligara a los periodistas a usar un "lenguaje incluyente", el título, más exacto, tendría que decir: "Cadena perpetua para violadores y violadoras de niñas y de niños". Sé muy bien que por cada mil violadores hombres, si mucho, hay una violadora mujer, pero si uno se va a poner muy preciso, y si se va a saltar la economía propia del idioma, es difícil saber dónde trazar la raya.

Como el género, insisto, es un asunto gramatical y no sexual, hay una convención en varias lenguas occidentales (español, francés…) según la cual ante un número plural de personas, se usará, por economía verbal, el género masculino, lo cual no excluye a las integrantes de ese grupo específico que tengan sexo femenino.

Si Florence viviera en Alemania no había podido escribir su protesta en el caso de los niños violados, puesto niño, en alemán, es neutro: das Kind. El género es una cosa arbitraria y rara. La palabra mano, en italiano, es femenina como en español, pero su plural (mani) usa la i, que es una típica terminación de género masculino. Se sabe que 'sol' es femenino en alemán (die Sonne, la sol), y luna se dice der Mond (es decir, el luna), y para mayor enredo, ni siquiera la palabra 'muchacha' es femenina, sino neutra: das Mädchen. Con esto quiero demostrar la arbitrariedad que tiene el género gramatical. Es más, hay lenguas no occidentales con muchísimos otros géneros: animal, neutro, dual, de cosa animada, de cosa inanimada, para vegetales, para minerales…

Florence pide "sentido común" en el uso del lenguaje incluyente. No lo pide para las novelas (menos mal) sino para "los documentos oficiales, los discursos políticos, las constituciones, leyes y decretos". El artículo 51 de la Constitución Nacional, por ejemplo, dice así: "Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna". La constitución de Florence diría: "Todas las colombianas y todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna". No me convence; me parece redundante, feo e inútil y me lo seguirá pareciendo incluso si algún día, como escribe Thomas "ganan este debate". Es más, me parece mucho más importante el debate de la vivienda digna que el del lenguaje incluyente.

Creo que en ese debate hay un exceso de susceptibilidad de parte de algunas mujeres. Sé que no todas ellas se sienten excluidas cuando se usa el género masculino para el plural, por simple economía de lenguaje, y no para discriminar. Al fin y al cabo, todas las personas que existen en el mundo pueden ser calificadas con adjetivos negativos, y también la mitad de los oficios y actividades pueden tener una connotación peyorativa. Y en todas esas acepciones negativas, el género masculino carga con la abominación, sin que los de mi sexo protestemos. Si usáramos de verdad un lenguaje incluyente, tendríamos que decir no sólo colombianos y colombianas, sino también asesinos y asesinas, borrachos y borrachas, secuestradores y secuestradoras, violadores y violadoras, feos y feas, brutos y brutas, estúpidos y estúpidas. ¿De verdad les parecería bueno usar el lenguaje así?

Sobre el verbo poner

Una de mis obsesiones es el mal uso que mucha gente le da al verbo colocar, por dárselas de elegantes y, algunos, porque dicen que solo las gallinas 'ponen'. Me encontré en las Lecturas Dominicales de El Tiempo esta gran aclaración sobre el tema que hace Soledad Moliner. Copio el texto completo, sabiendo que en cierta forma estoy infringiendo derechos de autor y algo de la propiedad inelectual del periódico.

La columna que la señora Moliner publica cada semana es my recomendable y es casi homóonima con este blog. se llama "Pida la palabra"

El link de la columna es éste.

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Por Soledad Moliner

No ponga colocar: coloque poner

La siguiente es una antología elaborada con ayuda de mis alumnos y de algunos lectores, donde el verbo colocar ha desplazado artera e incorrectamente al verbo poner. Casi todas proceden de medios de comunicación:

"Me coloca al borde de la quiebra"

"A la bebé la colocaron Valentina"

"Eso me colocó a pensar"

"Ella se colocó brava"

"La debo colocar en práctica"

"Esta tarjeta es para que no le coloquen problemas al entrar"

"Me colocó en ridículo"

"Voy a colocar la queja"

"Esas cosas me colocan nervioso"

"No pude asistir, porque mi mamá se colocó enferma"

La lista podría hacerse interminable ("me coloqué rojo", "colocamos mucha atención", etc.), porque los hispanohablantes ingenuos han creído que es mucho más elegante el empleo de "colocar" que el de "poner". Parte del encanto de una lengua son sus matices. Colocar es un matiz de poner, así como guisar es una precisión de cocinar. Por eso no son sinónimos, y a menudo es una barbaridad sustituir "poner" por "colocar".

En su acepción más amplia, según don Rufino J Cuervo, colocar es "poner en el lugar debido". La Real Academia dice algo semejante. Así, pues, colocar no es simplemente poner, sino poner donde corresponde. De manera que nadie se coloca colorado, ni enfermo. En cambio, aquella lamparita hay que colocarla en la mesa roja, porque en la verde se ve mal.

Otras dos acepciones específicas de colocar: 1) Invertir dinero, acciones o valores ("Coloqué plata al tres por ciento"). 2) Acomodar a una persona en un empleo ("Mi hermano se colocó en el Senado").

Como norma general, evite el uso de "colocar" y juéguesela con "poner": hay menos posibilidades de meter las patas y ponerse colorado.

Además, conviene hacerlo ya mismo, antes de que el virus contamine a toda la familia: "Hay que poscolocar la cita", "No es bueno antecolocar los intereses personales a los de la patria".

Y aquí pongo término a esta columna y coloco el punto final.

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Formule sus
consultas sobre lenguaje a soledadmoliner@hotmail.com o a LECTURAS FIN DE SEMANA de EL TIEMPO, Avda. Eldorado 59-70, Bogotá D. C.

Wednesday, August 16, 2006

Última noche

Otro más de los ejercicios de escribir algo sobre alguna imagen. Éste es un afiche que tengo en mi casa y Clauz, siguiendo el juego que ahora tanto me gusta, me invitó a inventarle una de esas historias que no se ven.
La última noche

Desde que se terminó la construcción del nuevo puerto fue disminuyendo la cantidad de los barcos que pasaban por acá. Hace tiempo que ninguno se aparece y a pesar de eso habían decidido mantener el faro. Finalmente llegó algún burócrata con algo de seso y programó que esta noche sea la última. Pareciera que el mar lo supiera y además de apagar la luz quisiera destruir la estructura para que no quede ni el recuerdo.

Tuesday, August 15, 2006

Una ballena en el Támesis

A comienzos de este año se supo de una ballena extraviada en el Támesis. En su momento escribí algo sobre eso en el blog En medio del ruido y hoy me doy cuenta que fue el comienzo de lo que hoy llamo "Palabras de fotos". No fue sólo la foto la que me inspiró un cuentito pero fue el construir una historia de lo que no se ve en lo que nos cuentan. Aquí la dejo.

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Una ballena andaba de gira por Londres. Dicen que se distrajo siguiendo peces, como una niña que se extravía de sus padres, corriendo tras un globo suelto y gritando de alegría. Pudo ser también que tareara viejas canciones, de la misma forma que los humanos vamos por la calle pensando en quién sabe quién, o nos pasamos del paradero correcto del transmilenio porque andábamos recordando o imaginando los abrazos de quien nos cambió la vida.

Aunque la ballena iba cantando, y eso no lo dicen quienes la vieron, su inaudible canción buscaba sólo un par de oídos. Centenares de peces y unos delfines que anteriormente habían ido por allí cuentan que en algún segundo piso cerca del Támesis permanecía una vieja sirena, quien hace cientos de años se exilió voluntariamente en la zona, mucho antes que se construyera la torre, el parlamento o el Big Ben. La ballena iba llamándola con sus cantos ancestrales. Hay quienes aseguran haber presenciado que desde una silla de ruedas se lanzó al agua una anciana con una enorme y dorada cola de pescado, según pudo verse al caer la manta que cubría la parte inferior de su cuerpo. Las vieron escapar río abajo saltando alegremente. En la orilla quedó la silla vacía y un sirviente tan viejo como la anciana. Dicen que responde al nombre de Ulises.

Saturday, August 12, 2006

Palabras a partir de imágenes

Después de ver una foto en el blog de Víctor Solano "Tallar con luz" se me ocurrió inventarle un pedacito de historia. Me gustó el ejercicio y a partir de hoy creo una categoría en este blog llamada "Palabras de fotos", pequeños textos o cortas frases construidas a partir de lo que una imagen me provoca. Van los primeros, basado en las fotos "mar blanco" y "Flamingo road" del blog de Víctor.

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Mar Blanco


"Jugaban a los submarinos bajo el mar blanco. El capitán había ordenado el silencio en las comunicaciones mientras el peligroso destructor vagaba por la superficie con su vistosa bandera del color de la rosa de China. Si eran descubiertos se echaría a perder la expedición."

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Flamingo Road

A tu derecha surgió de repente, tras una curva, la primera laguna de flamengos. "Entonces el viejo no me estaba engañando", pensaste. Era solo el comienzo; monte adentro podrías descubrir que el hombre mentía pero ya estarías demasiado lejos, sería demasiado tarde. Sorbiste un poco de agua y siguiendo la sombra de unos matarratones te internaste en la maraña."

Tuesday, August 08, 2006

El pecaminoso placer de una bebida negra

Con los codos apoyados sobre mis rodillas, tomándote entre mis dos manos, cierro los ojos y tu aroma me eleva. Viene a mis recuerdos un desayuno en la finca. Mesa burda de madera sobre el cemento entre las dos casas; en un plato las arepas recién asadas en el horno de leña mientras yo estoy sentado en el banco largo donde caben también mis hermanos. En mi ensoñación, como hoy, sostengo una taza sin orejas que me entrega un café lleno de misterios. Abro los ojos y estoy de vuelta en mi sala, sobre el piso, con postura de monje. Dirijo el borde del pocillo hacia mis labios que tiemblan ante el humeante líquido negro que se les aproxima pero el olfato los calma al contarles que no es ningún castigo medieval sino una forma más de complacerlos.

Sin azúcar, como debe ser, entra en mi boca mientras las notas frutales y ácidas empiezan a bailar de un lado a otro. El amargo en su punto justo se explaya mientras hago unos buchecitos para que los secretos del pecado salten por mi boca. Su divino poder que quita el cansancio va a mi estómago camino a mi alma. Lento, el café pasa bajó la campanilla haciendo música con ella y mis labios se abren cuando la taza se aleja para permitir unos cuantos segundos de éxtasis. Antes que la siguiente dosis de poder llegue como un sorbo a mi cuerpo.

Tuesday, August 01, 2006

Un ejercicio para el diplomado

Ahí está mirándome. ¿O no? ¿O está mirando por estos lados pero no a mí? ¿Estará mirando a esa loba boba de allá? Ahí está con los amigos, que jartera de tipos. En cambio él es mucho divino, un poquito callado pero lindo. Y dicen que es lo más de tierno. Sí, creo que me mira porque cuando después de un instante de sostenerle la mirada voy a sonreírle baja la cara y se hace como que no es con él. ¿Será que no sabe bailar? Mucho bobo, eso no importa. Yo le enseño gratis si quiere. Además ninguno de esos patanes de sus amigotes baila nada y no les importa. Eso sí, tienen decisión y no les importa hacer el oso.

Otro merengue que suena y yo sigo sentada esperando que él venga. Me ha tocado un par de veces decirle a otros que no quiero bailar a ver si el viene aunque sea a saludarme. Pero nada, siempre con su coca cola en la mano. Yo creo que sí lo dejaran se iba a poner la música para no tener que pasar por el oso de quedarse sin bailar. Al menos así tiene una excusa; chimba pero excusa. Y estos otros impertinentes que se la quieren rumbear a una como si fuera una puta. No me imagino si se enteran que uno como ellos le hizo algo así a sus hermanas. Parece que para ellos las hermanas no fueran mujeres sino ángeles o reencarnaciones de la virgen. ¿Virgen? Si supieran lo que yo sé son capaces de echarlas de la casa. Y le proponen a uno lo mismo... pendejos hipócritas.

¿Ves? Allá va, a hablar con el DJ, preguntando por alguna canción. Por qué tengo que esperar a que ellos vengan? Pasa y pasa la fiesta y uno aguardando como en un mercado de esclavos a que los amos la escojan a una. ¿Oye, tú lo conoces? Vamos al baño y de vuelta me lo presentas como si nada ya que no está con los amigos. A ver si se pone rojo.... pobrecito, me imagino que le da pena todo. Pero no importa, está divino a pesar de esa camisa a cuadros que su mamá le debió poner para la fiesta como si fuera lo último de la moda. Con el tiempo le voy corrigiendo los gustos y que se vaya despegando de su mamita porque así no vamos a llegar a ningún lado.

Sunday, July 09, 2006

En la ciudad de las oportunidades

Eran sus ojos del matiz de gris que mejor combinaba con su piel blanca y pecosa, enmarcados por unas hermosas, gruesas y negras cejas. Delgada, de estatura intermedia tirando a alta. Es decir algo mayor a la mía, según mis cálculos porque siempre estuvo sentada.

Yo creía que manejaba un aceptable inglés de repente cambié de opinión y sentí que todas mis clases en el colegio, en la universidad y las demás se habían disuelto en la atmósfera pesada de los túneles del metro de Nueva York dejándome sin palabras. La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes y fui en ese rato el hombre más hombre, el más cobarde, el menos amante. Hoy que me siento a recordar aquel suceso y vienen a mi memoria decenas de ocasiones donde el miedo me impidió lograr lo que a mis ojos aparecía como un verdadero camino.

Era uno de mis viajes de vacaciones a Nueva York e iba montado en el tren de la línea F, dirección Uptown, de Brooklyn hacia Queens pasando por Manhattan. Yo tenía programado descender en esa isla y poco antes de pasar bajo el East river se subió la protagonista de este relato y se sentó en una de las tantas sillas vacías a las 11 de la mañana en el metro. Como ven, no he olvidado ese momento. Aquél en el que las palabras y la gramática inglesas salieron por una de esas ventanuchas miserables que a veces están abiertas en los vagones. Allá quedaron y no me han alcanzado de nuevo.

Ella iba acompañada de dos muchachos jóvenes y dialogaban con esa fluidez que mis tripas envidiaban. Yo iba cargado con toda la parafernalia que acostumbro incluir cuando viajo como turista: cámara, cuaderno, esfero, gorra, mapas… Iba con el miedo que le da a cualquier extranjero hablar en Estados Unidos, aumentado por la parálisis causada al encontrar la mujer de los sueños justo enfrente y con el pánico de cometer cualquier equivocación que terminara con mi humanidad acusada por acoso sexual en uno de esas precintos policiales que tanto vemos en los enlatados. No pretendía enredarme con ella, sólo quería tener su foto y aquí me tienen, pensando todavía qué era lo que debía haber dicho o si simplemente debía ajustar la cámara, sonreírle y tomar un par de instantáneas que me ayudaran a recordarla.

Creo que ni una mirada suya obtuve, la cámara estuvo en mis manos sin lograr una fotografía borrosa. Ni una con mal encuadre, cortada o velada. Fue antes del famoso once de septiembre entonces la paranoia no habitaba sino en mi cerebro. Finalmente llegué a donde había planeado y sin vergüenza de mi cobardía dejé el tren sin parar de mirarla. Ella siguió sentada cuando las puertas se cerraron y el tren arrancó. Yo quedé parado en el andén unos segundos y con la certeza del futuro perdido tomé mi camino, guarde la cámara en su estuche, éste en el morral y salí a enfrentar el agobiante calor de julio en la capital del mundo, la ciudad de las oportunidades.

Thursday, June 15, 2006

Ventana de la palabra (VI)

Este texto es transcrito de "Las palabras andantes" de Eduardo Galeano

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Ventana de la palabra (VI)

La A tiene las piernas abiertas.

La M es un subibaja que va y viene entre el infierno y el cielo.

La O, círculo cerrado, te asfixia.

La R está notoriamente embarazada.

-Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas- comprueba Romy Díaz-Perera

Cuando las palabras salen de su boca, ella las ve dibujadas en el aire

Friday, June 09, 2006

Cucunubá

La tarea era hacer una crónica sobre un publo cercano a Bogotá. Salió esto. Como siempre, ando con la duda que sea una verdadera crónica.

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Cucunubá: la niña bonita del Valle de Ubaté

Encaminarme al municipio de Cucunubá era enfrentarme con mis recuerdos de infancia.

El nombre cucunubá se encuentra en mis más profundos recuerdos como un pasatiempo y no como una población. Cuando tenía alrededor de seis años me regalaron un juego con ese nombre que consistía en un trozo de cartón con unos huecos por los cuales debían introducirse canicas lanzadas desde cierta distancia. El tablero estaba lleno de vistosas figuras de colores y en uno de sus bordes, el que se apoyaba en el suelo, los hoyos eran como las bocas abiertas de mágicos payasos; se buscaba acumular la mayor cantidad de puntos al lograr que los pelotitas de cristal ingresaran en esas cuevas sin dientes, cada una con un puntaje asignado. Un par de años después, ya en el colegio, durante una de las periódicas épocas de fiebre por las canicas que invadía el Liceo de Cervantes, conocí otra versión de este mismo juego pero lo llamaban ‘la ratonera’ por la evidente similitud de los huecos en el cartón con las guaridas de los ratones de las caricaturas en la tele. Se fabricaba con el retal de cualquier caja anónima y se perfilaba uno de sus bordes con un cuchillo tomado en préstamo de la cocina. No tenía payasos. Y nadie más tenía un cucunubá como el mío.

Hacía un par de años quería viajar a conocer el pueblo de Cundinamarca y este mes fue el momento propicio. Una vez pasamos Zipaquirá la carretera se me convirtió en un camino construido por los aromas del carbón, la arcilla y la leche que nos acompañaron por el trayecto aunque casi al llegar se coló un olor putrefacto. Sucedió justo cuando abordábamos la carretera secundaria que nos transportaba en los últimos kilómetros de nuestro viaje. Esto porque circulamos en una zona que el agua cubrió durante el último invierno. Durante la temporada de lluvias hubo inundaciones en el valle de Ubaté y muchas vacas lecheras enfermas de estar sumergidas en el agua estancada. Cucunubá no tuvo grandes inundaciones como otras poblaciones cercanas pero el río que pasa por su lado decidió bloquear la carretera con un flujo desbordante y los potreros vecinos hoy sufren la podredumbre causada por el agua, que ya se retiró pero dejó su rastro a través de los pastos descompuestos.

Desde lo lejos sabíamos que íbamos por el camino correcto porque vimos sobre el cerro donde se encuentra La Capilla las letras blancas que forman el nombre del pueblo al mejor estilo Hollywood. En un instante frente a nosotros surgió una pared hecha de roca y llena de barbas de viejo que me recordaba las murallas centenarias de un castillo feudal. Me sentí en un delirio como el de Don Quijote combatiendo a sus gigantes. Nadie podrá quitarme la imagen de estar acercándome a una vieja fortaleza que se situaba justo al lado del camino. Entonces nuestra ruta ya no era asfaltada sino empedrada, y no cabalgábamos sobre un auto sino sobre reales caballos y Carlota y Nico, las manifestaciones corpóreas de mi niño interior casi exterior, veían dragones sobrevolando nuestro andar.

Finalmente las bestias se fueron. En realidad eran grises nubes que nos amenazaron durante un rato hasta que el viento las llevó a otro reino. Mientras tanto, nosotros entrábamos al Cucunubá de los adultos imaginando que atravesábamos el cartón del juego de la infancia a través de las calles que nos llevaban dentro de los payasos pintados. Allí era posible encontrarnos con las damas y caballeros del castillo que acabábamos de pasary otros personajes de la corte. Y así fue porque el primer encuentro fue con un vistoso grupo de arlequines que cantaban y bailaban para nosotros y para convocar a la gente de su pueblo a dar a los niños el valor que merecen. El colectivo de niños que hacen parte de las escuelas de música y danza ha tomado el nombre de Arlequines.

La gente en Cucunubá es como de cuento de hadas. Amable, confiada, tranquila, servicial, colaboradora, atenta. Por ejemplo don Silvio, quien nos habló de sus ovejas, sus telares y la gente que trabaja para él y hasta dejó solo su local para llevarnos donde don Luis, el escritor, ingeniero y periodista. También doña Estella, la que de manera espontánea nos sugería las mejores almojábanas y las mejores fotos. O don Josué con su almacén donde vendía helados, tapetes canastos y cortinas al lado de su otra tienda donde se encontraba un surtido más tradicional.

Merece una atención especial Don Luis Castillo. Un personaje nacido en Cucunubá, con una preciosa casona de ciento veinte años en una de las esquinas del marco de la plaza, ingeniero de petróleos que al jubilarse dijo no tener nada más qué hacer que sentarse a escribir. Aunque ya antes lo había hecho con dos libros sobre su carrera y las empresas donde había trabajado esta vez se dedicó a la Historia y publicó el primer libro en 400 años de la historia del pueblo y espera que no vuelva a pasar tanto tiempo antes que alguien lo haga de nuevo. En lo que antes fue un terreno baldío junto a la plaza se construyó su centenaria mansión llena de muebles curiosos y antiguos, escenario de varias telenovelas y seriados colombianos, con detalles únicos como su escalera de madera, las habitaciones que se comunican entre sí, los balcones acompañados por la tradicional pintura blanca en las paredes. En su jardín guarda una piedra de molino y en su sala un diván fantástico el cual no vende a pesar de las innumerables propuestas de compra, incluyendo las de varios actores de los que han pasado grabando por allí. A Don Luis todo el mundo lo conoce y todos saben de su libro aunque en realidad no tantos lo hayan leído. Su biblioteca incluye largas hileras amarillas de viejos ejemplares de la revista de la Nacional Geographic; también una edición del quijote que data del siglo XIX y que halló casualmente en el zarzo de la casa de su familia en Chía donde los espantos persiguieron a su mamá durante las noches de varios meses.

Si en general el pueblo es tranquilo, con el altísimo riesgo de producir tedio en algunos, subir al cerro de la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes puede ser una experiencia casi mística. No por el componente religioso de su templo o la religión sino más bien por ser un espacio adecuado para escucharse a uno mismo. El camino incluye el paso junto a las letras que sobre la montaña forman el nombre del pueblo al propio estilo de la famosísima meca del cine norteamericano. Ya en la cima te puedes sentar a contemplar por horas el apacible valle. Unos buenos binóculos permitieron descubrir varios secretos e incluso ver a lo lejos la torre de la iglesia de Ubaté. Pero más allá de los detalles, se respira paz verdadera y uno no puede dejar de preguntarse por qué el país no es así en todas partes.

Don Silvio tiene su almacén de tejidos en una casa con ovejas justo en el marco de la plaza; nos dice que los jóvenes ya no tejen como lo hacen los mayores y que con su generación morirá la tradición por la cual es reconocido el pueblo. Por ejemplo, ninguno de sus hijos se ha atrevido a manejar los telares en los que él se ha a venturado desde que tenía siete años. Como contraste encontramos al hombre que dice vender el mejor yogur de la región. Lo primero que me viene a la cabeza es que me hablarán de una fórmula antigua transmitida de boca en boca por varias generaciones en esta tierra lechera pero no existe tal tradición. Su hija ingeniera hizo unos cursos de lácteos en el Sena y decidió volver a su pueblo a montar la industria de yogur más exitosa de la zona. La encontramos en una casa común, en apariencia, en la calle que se toma para ir de la plaza al cementerio. Es de verdad algo diferente.

Volveremos a Cucunubá en tres semanas a coser patincitos y cobertores para bebés comocolaboració del programa Maratón de muñecos. Esta vez será algo como martón de patines. De paso reviviremos unas buenas almojábanas, unas emocionantes historias narradas por la gente, los voladores ruidosos al amanecer del domingo, el mejor yogur de la región, la tradición de los tejidos que está desapareciendo según Don Silvio o los tejidos cinco estrellas que se encuentran en el local de la Fundación Compartir. Tal vez entonces conozca a una de las tejedoras que pueden hacer quince mil quinientos nudos a un chal o a una bufanda, así no sea muy feliz haciéndolo; o a los artesanos hombres que alistan los grandes cortes en el telar que luego habrán de llevar a las tejedoras más hábiles. Quizá en esta ocasión sí nos traigamos a Bogotá la ruana blanca o la cobija rosada.

Aunque no hice la compra de algún tejido, guantes, cobijas o cortinas, el calor de los habitantes de Cucunubá va conmigo. A pesar del frío, que no es tanto, la calidez se palpa en el aire. La próxima vez nos daremos una pasada por la casa de la cultura a conocer los nuevos computadores que se consiguieron a través de la donación de una dama japonesa, iremos a tomar un buen café en el local de doña Eddy y su hija y buscaremos el camino en ese pueblo donde hasta las casitas de perro tienen las paredes blancas con zócalo verde y el techo de tejas de barro.

Y tal vez sin yelmos ni armaduras ni lanzas logre conquistar las murallas de mi castillo. Nadie va a tener un Cucunubá como el mío.

Wednesday, May 24, 2006

Las palabras convocan palabras

Las palabras convocan palabras

Esta frase la oí anoche al profesor del diplomado Gabriel Pabón

Tuesday, May 23, 2006

De "El ahogado más hermoso del mundo"

Las palabras prestadas que se encuentran este blog han tenido un momento de gloria en mi vida, así haya sido efímero. El cuento que hoy nos convoca es uno de los que más me gusta, especialmente porque lo oí contado de manera maravillosa por Ricardo Cadavid, un cuentacuentos de la Universidad de los Andes en Bogotá, hace como 15 años. Dejo para ustedes un fragmento, el final. Y me parece estar viendo y oyendo a Cadavid contarlo una y otra vez...

El cuento es de Gabo, publicado en 'La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada', 1972

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Fue así como se hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y esas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió volverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que através de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a la distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera, si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron que mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes para que recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que en los amaneceres de los años venturos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas, miren allá, donde el viento es tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia donde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban

Saturday, May 20, 2006

De Diez palabras 1

Sanseacabó

Tomada de una de las contribuciones al sitio Diez palabras por Rafael Torres de Los Ángeles

Friday, May 19, 2006

De las palabras hermosas 2

Baobab

Cuando chicó creía que los baobabs eran invento de Saint-Exupery. Pero existen y son tan asombrosos como en el libro de El Principito


Monday, May 15, 2006

El alambre de colgar las palabras

Me he imaginado este sitio como un alambre donde cuelgo a secar las palabras para luego arreglarlas y vestirme con ellas. O como en el Tibet, uno de esos hilos al cual se unen cientos de banderines con mensajes para los dioses. Palabras que vuelan y llegan a quien las haya pedido, palabras que se preparan a adornar las ideas de algún escritor aficionado o prefesional, un adolescente enamorado que escribe poemas a su primer sueño o tal vez un bloguero como tú y yo que no abandonamos la niñez y permenecemos atrapados en el territorio del amor dónde sólo se entra desarmado.


Sunday, May 14, 2006

Barriletes

Barriletes: sonrisas del cielo.

Así habla la revista argentina Billiken de las cometas citando a un maestro oriental anónimo

Saturday, May 13, 2006

De las palabras hermosas

Con este post empieza una serie dedicada a las palabras que suenan hermosas a mis oídos. No tienen que ver con el significado o lo que sienta la gente por ellas. Las escojo porque me gusta cómo suenan.

La primera es

Astrolabio

Diez palabras

Este es un post publicitario. Hay un sitio fantástico llamado Diez palabras en el que nos piden que enviemos la lista de nuestras diez palabras favoritas. Es obvio que será una referencia y un modelo para este blog. De allí sacaré palabras que me sacudan y ustedes sabrán que las tomé de allí. Incluso he creado una categoría para clasificar lo que me robe de este arcón de maravillas, para que quede como evidencia ante los jueces.

http://hastadiez.blogspot.com/

Friday, May 12, 2006

Una manada de elefantes

"...los autos pasan lentos como una manada de elefantes..."

Ismael Serrano, cantautor español, en 'Buenos Aires 2001'

Thursday, May 11, 2006

Una fracción de siglos

"y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo"

De Gabo en 'El ahogado más hermoso del mundo'

Memoria del Silencio

Este es un cuento incluido en el libro La Tienda de Palabras de Jesús Marchamalo. Siempre me ha impactado por diversas razones. Empieza este espacio dedicado a las palabras con unas prestadas (o tal vez sea robadas).



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Se titula «Memoria del silencio» – hizo un globo de chicle que le explotó en la cara, un segundo antes de tirarlo a la basura –, anoche lo estuve releyendo... Me tendía un libro pequeño, de tapas blandas y bastante sobado. Uno de esos libros que viajan con nosotros en el metro y los autobuses y que acaban por fagocitarse a sí mismos. De sus páginas sobresalía un señalador que marcaba uno de los cuentos. Era de Umberto Eco. Lo hojeé mientras Ana seguía hablando. – Cuenta la historia de un monasterio, en plena Edad Media. Una isla de paz en un lugar azotado por la guerra y los conflictos armados entre los señores feudales. En él viven poco más de una docena de monjes: largas túnicas marrones, tonsuras, barbas ralas y una especie de bonete, también marrón, en la cabeza.


Ana siguió hablando, deteniéndose en la descripción minuciosa del lugar: un paisaje abrupto, montañoso, casi en la cima de una colina rocosa surcada de caminos serpenteantes, casi siempre desiertos. El monasterio no es más que un pequeño conjunto de edificios de paredes encaladas, con estrechos corredores y escaleras de madera, tejados de pizarra negra, y una ermita minúscula, adornada con frescos, y su campanario coronado por una oxidada cruz de metal.


Los monjes trabajan en un pequeño huerto. No hablan entre sí sino por señas, porque todos han hecho voto de silencio. Las horas de comida, oración, meditación y trabajo están rigurosamente regidas por el sol. Después de un frugal almuerzo, a media mañana, los monjes se dirigen ordenadamente al scriptorium: una sala rectangular, fresca y bien iluminada, en el segundo piso, rodeada de altos armarios de madera abarrotados de libros. Los monjes, siempre en silencio, escriben palabras en pedazos de pergamino, iluminándolas de manera cuidada y exquisita. Llevan siglos haciéndolo. Generaciones y generaciones de monjes silenciosos entregados a guardar y proteger las palabras. Todas las palabras que, después, ordenan amorosamente en pequeños archivadores de madera. Allí se resume la memoria de todo lo nombrado: lo visible y lo invisible, lo material y lo espiritual. Y ése es su único objetivo: guardar las palabras, preservarlas del olvido, la desmemoria, la amnesia colectiva. Porque, afirman, en las palabras se encuentra la certidumbre. Los objetos, los sentimientos comienzan sólo a ser conocidos en el momento en que somos capaces de nombrarlos. Sin palabras no hay nada, sólo un territorio inexplorado y hostil. Nombrar las cosas permite poseerlas... Y eso inquietaba a los poderosos, que veían en los monjes a unos extraños hechiceros dotados del poder, de la magia de las palabras.


Un día acude al monasterio un grupo de forasteros. Buscan asilo. Les persigue una partida de soldados renegados que al día siguiente llega a la abadía. Desde el huerto, uno de los monjes les ve acercarse por el camino. Van envueltos en una espesa nube de polvo. Son diez, quince hombres a caballo, armados con yelmos y cotas de malla. Desmontan y se acercan a la puerta abierta de par en par. El abad, un viejo enjuto de pelo cano llamado Marcelo Zagro, los recibe en silencio. Son mercenarios, hombres rudos acostumbrados a la retórica de la guerra. Le apartan de un violento empujón. El que parece el jefe lleva la espada desenvainada, hay también ballesteros y hombres armados con lanzas y garrotes: gritan, blasfeman, toman al asalto los corredores, registran las celdas rompiendo a patadas todo aquello que se les interpone, acuchillan los jergones de paja y destrozan a hachazos los bancos de madera. Los campesinos, que no han podido escapar, son obligados a salir a empellones. Uno de los hombres armados se para delante del abad, y lo abofetea. Otro prende una tea y la arroja por una de las ventanas del piso inferior. Otros siguen su ejemplo y porfían respecto a su puntería: algunas teas se estrellan contra los muros, pero otras destrozan cristales, vidrieras... A los pocos minutos, de las ventanas comienzan a salir unas rojas lenguas de fuego que despiden un humo negro y compacto. Los soldados se marchan con los campesinos, atados por las manos, trastabillando detrás de los caballos que, al trote, los envuelven en una espesa nube de polvo.


– Y el cuento – concluyó Ana tras una pausa – acaba con el abad y los monjes, tiznados de ceniza los rostros, las manos y las túnicas, viendo desde el huerto, impotentes, cómo el monasterio entero arde pasto de las llamas. Y el abad Zagro rompe entonces a llorar. Y las lágrimas le surcan en el rostro el negro del humo. Llora porque Europa entera está en guerra, y el sonido de los cascos de los caballos retumba por todo el valle como una maldición. Llora por los campesinos, condenados a una muerte segura, y llora, sobre todo, porque el fuego está destruyendo las palabras, las comunes y las olvidadas. Y porque ellos han hecho un voto de silencio que les impide pronunciarlas.



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Apostilla (por el Autor): El cuento apócrifo “Memoria del silencio” decidimos Silvia Meucci y yo atribuírselo a Humberto Eco después de descartar a Ismail Kadaré (a quien, por cierto, también le pega mucho) como posible autor. En realidad está basado en una idea de Daniel Bilbao a quien también debo el nombre del abad.

Monday, May 01, 2006

Palabras

Algún día empezaré a colgar palabras de este alambre. Tengo montones, unas que se donde están, otras que me toca reencontrarlas o descubrirlas.

Mientras tanto lea algunas de mis palabras en En medio del ruido