Monday, October 30, 2006

Destino de las explicaciones

En algún lugar debe haber un basural donde estén abandonadas las explicaciones.

Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que puede ocurrir el día en que alguien consiga también explicar el basural.


Por Julio Cortázar en "Un tal Lucas."

Saturday, October 21, 2006

Palabras de Paul Auster

Las palabras del escritor al recibir el premio Príncipe de Asturias. Tomadas de El País.

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

Friday, October 13, 2006

Para quién escribe un Nobel

En este artículo publicado en El País, pueden encontrar las razones que nos da el más reciente premio Nobel de Lieratura, Orhan Pamuk, sobre por qué y para quién escribe. El vínculo del artículo es éste pero lo copio en su totalidad por si algún día es borrado del servidor de elpaís.es.

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Todavía me gusta cuando me preguntan para quién escribo Añadir a Mi carpeta

ORHAN PAMUK
EL PAÍS - Cultura - 13-10-2006
Los escritores narran buscando un lector ideal, la gente que aman
La autenticidad de un escritor depende de su habilidad para abrir su corazón al mundo

Durante los últimos 30 años, desde que por primera vez me convertí en un escritor, ésta ha sido la pregunta que he escuchado con más frecuencia, formulada tanto por lectores como por periodistas. Sus motivaciones dependen del tiempo y del lugar, como ocurre con las cosas que desean saber. Pero todos usan el mismo desconfiado, desdeñoso tono de voz.

A mediados de la década del setenta, cuando por primera vez decidí convertirme en un novelista, la pregunta reflejaba el ignorante punto de vista de que el arte y la literatura eran lujos en un pobre país no occidental atribulado con problemas premodernos. También estaba la sugerencia de que alguien "tan educado y cultivado como usted" debía servir a la nación de un modo más útil, como un doctor combatiendo epidemias o como un ingeniero construyendo puentes.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre le dio crédito a este punto de vista a comienzos de la década del setenta cuando dijo que él no hubiera estado en el negocio de escribir novelas si hubiese sido un intelectual de Biafra.

Años más tarde, quienes preguntaban "¿Usted, para quién escribe?" estaban más interesados en averiguar a qué parte de la sociedad me dirigía. Qué lectores buscaba para que leyeran y apreciaran mi trabajo. Yo sabía que esta pregunta era una trampa, porque si no contestaba "escribo para los miembros de la sociedad más pobres y más oprimidos", sería acusado de proteger los intereses de los terratenientes de Turquía y de su burguesía.

Y ello, pese al hecho de que a cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para sostener que estaba escribiendo para los campesinos y los trabajadores, rápidamente se le recordaría que sus libros muy difícilmente serían leídos por gente semi analfabeta.

Un total de 30 años más tarde, escucho más que nunca esa pregunta. La pregunta tiene ahora más que ver con el hecho de que mis novelas han sido traducidas a más de 40 idiomas. Especialmente durante los últimos 10 años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que pudiera interpretar sus palabras de manera equivocada, así que ellos se inclinan a agregar: "usted escribe en turco; entonces, ¿escribe sólo para los turcos, o piensa ahora también en la audiencia más amplia a la que llega con sus traducciones?". Ya sea que estemos hablando dentro de Turquía o fuera de mi país, la pregunta siempre está acompañada por la misma desconfiada, desdeñosa sonrisa. Eso me obliga a concluir que, si deseo asegurar la autenticidad de mi trabajo, debo responder: "escribo solamente para los turcos".

Para entender el significado de esta pregunta, tenemos que recordar que el surgimiento de la novela como una forma de arte coincidió con la emergencia del Estado Nación. Cuando se estaban escribiendo las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribieron para la emergente clase media de sus naciones, que podía abrir sus libros y reconocer cada ciudad, calle, casa, habitación y silla; ellos podían compartir los mismos gustos con los que comulgaban en la vida real y discutir las mismas ideas. En el siglo XIX, las novelas de estos grandes autores aparecieron primero en los suplementos de arte y cultura de los periódicos nacionales, porque sus autores le estaban hablando a la nación. Detrás de sus voces narrativas uno puede detectar a un observador preocupado por el estado de salud de su país. Hacia el final del siglo XIX, leer y escribir novelas era unirse a una discusión nacional que estaba cerrada para el exterior.

Pero hoy en día, la escritura de novelas conlleva un significado completamente distinto, como lo hace la lectura de las novelas.

En la actualidad, los lectores de obras de literatura esperan un nuevo libro de Gabriel García Márquez, J. M. Coetzee o Paul Auster del mismo modo que sus predecesores esperaban una nueva novela de Dickens. El público lector mundial de esos novelistas es mucho más grande que el público lector que pueden alcanzar en sus países de origen.

Los escritores narran buscando un lector ideal, la gente que aman. También pueden escribir para sí mismos, o para nadie. Todo esto es verdad. Pero también es cierto que actualmente los narradores también escriben para aquellos que los leen. Podríamos inferir de esto que los escritores de la actualidad escriben menos para sus propias mayorías nacionales (que no los leen) que para las pequeñas minorías de lectores en el mundo, que sí lo hacen.

Así que las preguntas incisivas, y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores, reflejan la intranquilidad sobre este nuevo orden cultural que ha comenzado a existir desde los últimos 30 años.

Las personas que lo encuentran más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales muy conflictivos que se sienten ansiosos sobre su identidad nacional y reluctantes para enfrentar las marcas negras de su historia desconfían de los novelistas creativos que miran a la historia y al nacionalismo desde una perspectiva no nacional.

Desde su punto de vista, los novelistas que no escriben para las audiencias nacionales están haciendo a ese país exótico para "consumo extranjero" y están inventando problemas que no tienen ninguna base en la realidad.

Hay una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben permanecer puras y verdaderas, respetando sus raíces nacionales. Su miedo secreto es que un escritor que se dirige a un público lector internacional y se inspira en tradiciones exteriores a las de su propia cultura perderá su autenticidad.

Porque todos los escritores tienen un deseo profundo de ser auténticos es por lo que a mí, incluso después de todos estos años, todavía me gusta cuando me preguntan para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor realmente depende de su habilidad para abrir su corazón al mundo en el cual vive, también igualmente depende de su habilidad para entender su propia cambiante posición en ese mundo.

No hay algo así como un lector ideal, libre de intolerancias y liberado de prohibiciones sociales o de mitos nacionales, del mismo modo que no hay algo así como un novelista ideal. Pero la búsqueda de un novelista por el lector ideal, ya sea éste nacional o internacional, comienza con el novelista imaginándolo que existe, y luego escribiendo libros con él en su pensamiento.

© 2006 Orhan Pamuk (Distributed by The New York Times Syndicate). (Traducción de Mario Szichman)

Friday, September 29, 2006

Las ideas y los barritos

Si alguien me preguntara cómo surgen las ideas de lo que escribo le explicaría con una cruda analogía: las ideas surgen como los barritos. Un día cualquiera tú vas caminando tranquilo cuando sientes una sensación tirante en la piel anunciando que algo trata de asomarse. Así aparecen las imágenes. Un día cualquiera vas andando por ahí y una asociación de sensaciones engendra un monstruo que quiere salir. Tú lo sientes y no hay nada que hacer porque ya está contigo.

Ahora bien, es tu elección si acudes a la farmacopea para acabar con el barrito que quiere salir. A veces intentas destruirlo por todos los medios y él permanece aferrado, resistiendo, esforzándose porque se le reconozca y se le deje ser. Tú puedes intentar asesinar las ideas a punta de antibióticos pero hay algunas que han desarrollado resistencia y permanecen dándote pelea en tu cerebro hasta que hagas algo con ellas. Van alimentándose de cualquier pensamiento que se te cruce, como un parásito que se aloja dentro de ti. Y se van haciendo fuertes hasta que no queda otra opción que dejarlas salir, impulsarlas a que lo hagan.

Ahí no termina. Como las ideas, unos barritos se atrancan y duelen y enrojecen la piel y te desesperan y hacen que estés pendiente de ellos aunque no surge nada. Sabes que están bajo tu piel, es imposible no notarlo. Los otros también lo ven y no tienes sino la opción de soportarlo. A veces un mechón o un poco de maquillaje los esconden o ellos mismo surgen en sitios que se ocultan fácilmente con la ropa. Pero te incomodan, te desesperan y a veces te agobian y tratas de forzarlos a que salgan. Sufres, te retuerces y con la mayor valentía quieres que tu barrito, tu idea, tome su forma y que la piel se ablande de alguna forma para que salga. Pero sigue allí, te espichas y sale solo una baba insulsa y el dolor permanece. No está listo aún para mostrase; te pide tiempo, a su dolorosa manera. Unos terminan retrocediendo después de los días y un par de semanas después ya no existen. Otros en cambio llegan en manadas y se lanzan a salir como una estampida sin saber tú cual de todos atacar o cultivar primero.

Pero a veces, gracias al cielo, hay unos que aparecen sin dolor, no te preocupas por ellos y sin importarles se fortalecen. Hay alguien que te los muestra o el espejo te los señala. Y tus propios dedos o una mano amiga los presionan para que salgan y obtienes una forma sólida y consistente que te libera y sólo tienes que limpiarte un poco para estar feliz que tu idea tomó forma. Ningún barrito, ninguna idea, se forma impunemente. Después de su aparición ya no eres el mismo, te queda alguna señal, algún rastro, en la piel o en el alma. Y te preparas a enfrentar el próximo, la siguiente inquietud que te empieza a crecer en el cerebro y que no te deja dormir hasta que logras matarla o sacarla a la luz.

Hay formas de evitar los barros: dietas inmaculadas, cremas limpiadoras, peelings y otros tratamientos agresivos. La limpieza impide el surgimiento de los barritos. Por eso las ideas se cultivan de la tierra, del polvo, se te meten bajo las uñas cuando te untas de gente, de bus, de ser humano. Cuando tus ojos se ensucian con paisajes diferentes, cuando tus oídos se llenan de la cera de otras músicas o de voces ajenas, cuando tus dedos tocan pieles ajenas o descubren formas mientras tus ojos no pueden ver. Las burbujas estériles te evitan el contagio de ideas. Tú decides si quieres vivir en la pureza o dejarte contaminar un poco.

Tuesday, September 19, 2006

De las palabras hermosas 3


Carcaj


Le faltan unas pocas letras para ser una carcajada pero es tan sonora como una de ellas.

Al buscarla en el diccionario de la Real Academia, su primera acepción es una palabra igual de hermosa: Aljaba

Carcaj en el DRAE
Aljaba en el DRAE

Thursday, September 14, 2006

FemChannel: 5 + 5 preguntas

Entré en uno de esos periodos de sequía en la escritura. Podría publicar de nuevo varias cosas viejas en este blog que no han perdido vigencia o sacar algo de mis escritos más escondidos como he hecho algunas veces. Opto por lo segundo. Dejo este texto del 2005

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FemChannel: 5 + 5 preguntas

Hay dos grandes razones por las cuales un hombre toma el control remoto y cambia el canal del televisor:

  1. Porque está aburrido de lo que ve en ese momento.
  2. Porque en la genética de los hombres está el impulso de buscar una opción mejor y tenerlas las dos.


Hay dos grandes razones por las cuales un hombre decide buscar otra mujer cuando ya tiene una pareja establecida. ¿Ya descubrió cuáles son?

Durante una conversación en estos días surgió el tema del control remoto y los hombres y se me dio por pensar en el tema.

  1. ¿Qué pasaba cuando no existía el control remoto?; valga la pena aclarar que en ese momento la oferta de canales era escasa, dos o tres dependiendo la zona del país.
  2. ¿Qué hace a los hombres conformarse con fracciones del programa, de varios programas en vez de tener uno solo completo?
  3. ¿Será que la costumbre de algunos canales de repetir los programas les da la esperanza a los hombres de verlos completos en otra ocasión en un futuro cercano?
  4. ¿Qué debe tener un canal, cómo debe estar organizada su parrilla para que el “canaleo” tenga más probabilidades de captar la atención del hombre por un buen rato? ¿Es posible captarla permanentemente?
  5. ¿Por qué programas que pueden parecer aburridos y largos (carreras de carros, partidos de fútbol, otros deportes) logran lo que otros teóricamente más atractivos no pueden? ¿No están capacitados los hombres para mantener la atención en ideas elaboradas y solamente se apegan a ideas básicas?

Sólo posteriormente se me ocurrió que las mismas dos razones iniciales aplican en la relación hombre – mujer. Lo primero que se me ocurrió fue plantear las cinco preguntas de la relación hombre-televisión a la que tenemos con las mujeres. Y me sonreía con las respuestas. Invito al lector a hacerse las preguntas remplazando los canales por las mujeres teniendo en cuanta que cada canal femenino (lo llamaré FemChannel) tiene una programación propia y de ahí la variedad.

Finalmente cambio “hombre” a “televidente” ya que el comportamiento de las mujeres es cada vez menos diferenciado del masculino y me hago unas preguntas más.

  1. ¿Es obligación del televidente ser fiel a un canal?
  2. ¿Puede cada canal dejar ir a cada televidente y remplazarlo por otros sin sufrir por la pérdida?
  3. ¿Qué pasa cuando el programa finaliza durante el canaleo y el televidente no quería que terminara y no pudo ver el final?
  4. ¿Y si el canal decide no repetir el programa? Hay televidentes que sufren por un programa del que querían aprender u obtener diversión y no lo vieron.
  5. ¿Cuánto tiempo debe esperar el televidente a que el canal decida repetir el programa antes de buscar opciones en otros canales? ¿Se conformaría el televidente con una programación parecida en el mismo canal pero sin su programa favorito?

Aparecen más preguntas, muchas más, pero suspendo aquí, con el mismo número de éstas sobre el hombre y sobre el televidente para mantener equilibrio. Usted mismo puede hacérselas y complementar este texto de la forma que más le aplique.

22 de abril de 2005

Tuesday, September 12, 2006

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Transcribo aquí un párrafo del cuento 'Tlön, Uqbar, Orbis Tertius' de Jorge Luis Borges.

"... En los hábitos literarios también es poderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles -el Tao Te King y Las Mil y Una Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la sicología de ese interesante homme de letres..."

Saturday, September 09, 2006

La incertidumbre del escritor (cuento)

Siendo muy viejo, el escritor descubrió un día que estaba viviendo las situaciones que había creado en sus cuentos. Renegó entonces de no haber incluido el premio gordo de una buena lotería, varias deslumbrantes mujeres con intenciones deseosas que lo sedujeran a cada momento o haber entregado el elíxir de la juventud a alguno de sus protagonistas. Era tarde para hacerlo a partir de ahora porque los acontecimientos ocurrían más o menos en el orden que los había escrito. Incluirlos en las escasas líneas que le restaban de vida solo lograría que sucedieran dentro de muchos años, si ahora sucedían los escritos en su juventud. De hacerlo, todo sobrevendría cuando nada más que huesos quedaran de él.

Revisando en sus escritos, inéditos y famosos, encontró el que pudo dar inicio a su destino auto-inflingido. Cuando andaba por los veinte recién cumplidos escribió su primer cuento: el de un escritor que vivía como un personaje dentro de sus libros. A partir de ese descubrimiento, y hasta su muerte, lo acompañó la incertidumbre de no saber si lo escrito por su mano, años atrás, determinaba su futuro o si, tal vez, sus obras solo eran el reflejo, la copia de otro libro, de otro autor, de otro universo, donde no era sino un personaje más.

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Tuesday, September 05, 2006

Nuestras vidas

Me acaban de recordar una frase que escribí hace unos meses y que de verdad me gustó:
Nuestras vidas están llenas de escenas cinematográficas y a veces se nos pasan por estar leyendo los subtítulos

Lo hice en este post del blog de Lo que cuenta mi mamá

Tuesday, August 29, 2006

Palabras sobre Nighthawks


Un ejercicio más de las palabras de imágenes. En la Panamericana encontré un libro de Taschen sobre Edward Hopper que tenía esta pintura en su portada. Se llama 'los trasnochadores' o 'The Nighthawks' en inglés. Incluyo dos historias diferentes, separadas por líneas.

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Con las manos en los bolsillos arrastraba sus pies bajo la noche. Hoy no se detendría en Phillies aunque sabía que podría encontrar una charla agradable hasta el amanecer. Cambiaría de acera y pasaría de largo aunque la luz del café iluminaba toda la esquina y, de cara a la calle, Joe podría verlo. Saludaría con la mano en alto y continuaría su camino.


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Los tres conversaban animadamente. Parecían ser conocidos de hace tiempo. En la barra yo les escuchaba sus historias e imaginaba los personajes que nombraban. Me causó gran intriga una tal Susan.